jueves, 18 de octubre de 2012

ORGANISMOS SUPRANACIONALES: DE LA DEMOCRACIA A LA MONARQUÍA

Hay que exaltarlo y recordarlo siempre: La Unión Europea ha traído más beneficios que desventajas para esta pequeña porción del mundo. La reciente situación de paz, prosperidad y bienestar para sus ciudadanos, con un poco más de 60 años (desde el Tratado de París, 1951), se ha hecho posible gracias al “cemento” reunificador e igualitario que brinda este organismo supranacional y que ha sentado en la mesa a las principales potencias Europeas para lograr acuerdos de ganancia común.

También es cierto que todo lo que nos sucede es cíclico. Ya estamos acostumbrados a épocas de crisis, bonanza, crisis, nuevamente bonanza y así per secula seculorum. Los ciclos en la democracia también existen y los estamos comenzando a vivir (al parecer son muy largos, de varias generaciones) y para la muestra les comparto este interesante artículo de la democracia en América Latina (Ciclos de la democracia electoral en América Latina), reflejo de lo que podría ocurrir también en Europa. Sé que muchos son escépticos al respecto, por lo tanto también les recomiendo que vean una excelente película alemana llamada La Ola (link a la película).  

La evidencia empírica Europea nos muestra que actualmente estamos en frente de un nuevo ciclo de recogimiento democrático, que se identifica por pasar poderes nacionales a organismos extraterritoriales de elección no popular. No quiero hacer énfasis en la descripción de los mismos ni en sus complicados nombres, pero todos escuchamos en los diarios que estamos cediendo fiscalidad, justicia, banca, política social y medio ambiental, entre otros, a parlamentos seleccionados por nuestros elegidos democráticos mediante tramas, juegos de poder y guerras de peso macroeconómico. Al final cada quien tira para su lado y mientras se camine en esa dirección se seguirán perdiendo los derechos ya adquiridos. ¿Es justo que el FMI, por ejemplo, presione a Mariano Rajoy para que pida el rascaste? ¿Es justo que Ángela Merkel presione a España para que no lo haga (por ahora)? ¿Es justo que España no tenga representación en el BCE y que su último alfil haya remplazado en la institución? ¿Mario Draghi sentirá lo mismo cuando se habla de rescate a Italia, su país natal, que cuando se habla del de España? ¿Establecerá las mismas políticas y requerimientos para su país de origen o sería una traición nacional?

Este juego de presiones y la reducción cada vez mayor del espacio político de nuestros gobernantes, ya sea arrinconados por los mercados (que al final son una pequeña cantidad de personas y corporaciones en relación con el total de personas) o por sus colegas de otros países están derivando en soluciones supranacionales y muchas veces no igualitarias que al final hacen recordar historias ya pasadas, lecciones ya aprendidas de románticas épocas monárquicas donde, por ejemplo, Luis XIV de Francia decía con autoridad absoluta: “El estado soy yo…”.